Sembrar un árbol en Bogotá cuesta $212.000

June 30, 2017

 

Por: PABLO CORREA

 

Hace cuarenta años, el Concejo de Bogotá ordenaba multar a los bogotanos que no sembraran árboles. Hoy cada ciudadano debe pagar casi un tercio de un salario mínimo, mientras la ciudad sigue en déficit de arborización.

 

Quien llame al Jardín Botánico de Bogotá con el deseo de sembrar un árbol frente a su casa, se llevará una poco grata sorpresa: debe pagar $212.000 para obtener el permiso, la asesoría y que el Distrito se haga cargo del árbol de ahí en adelante.

 

De entrada suena ridículo tener que pagar una tercera parte del salario mínimo por ayudar a arborizar una ciudad en deuda con el medio ambiente. Bogotá tiene una baja tasa de arborización, con 0,15 árboles por habitante*. Curitiba, la ciudad brasilera que primero implementó el Transmilenio, tiene una tasa de 0,8 árboles por habitante y Madrid 0,3.

 

Arborizar las ciudades no es un capricho de ambientalistas. En 2015, el World Economic Forum’s y el Consejo de la Agenda Global incluyeron el aumento de la cubierta verde en su lista de diez prioridades urbanas: “Las ciudades siempre necesitarán grandes proyectos de infraestructura, pero a veces la infraestructura a pequeña escala –de las ciclorrutas a la plantación de árboles para la adaptación al cambio climático– también pueden tener un gran impacto en un área urbana”.

 

Matilde Escobar, directora de la Fundación Natura que organiza la Carrera Verde, se estrelló con esa dura realidad cuando intentó destinar parte de los recursos del evento para sembrar árboles en la ciudad. La burocracia, los permisos y el alto costo los llevaron a planear la siembra de árboles fuera de la ciudad. “¿Puedes creer eso?”, dice desconcertada.

 

Luis Olmedo Martínez, exdirector del Jardín Botánico durante la administración de Gustavo Petro, defiende la idea de cobrar a los ciudadanos por sembrar un árbol y tiene algunos buenos argumentos. “Los árboles en las ciudades no son naturales. Son puestos por el ser humano. Cada árbol necesita un mantenimiento”, dice. Cobrar una tarifa se hace necesario porque en algunas zonas de la ciudad no hay suelo adecuado y se debe llevar tierra fértil, los técnicos deben estudiar y elegir las especies indicadas, pagar un contratista que vaya y abra un hueco y luego se haga cargo de los escombros. Además de contribuir al sistema de mantenimiento de los árboles de la ciudad.

 

Voceros del Jardín Botánico le explicaron a El Espectador que la ciudad cuenta con un Sistema de Información Geográfica denominado Sistema de Información para la Gestión del Arbolado Urbano “en el cual se tiene la ubicación y descripción de cada uno de los individuos arbóreos y arbustivos ubicados en espacio de uso público de la ciudad, dicho sistema se actualiza de manera permanente por parte del Jardín Botánico con los individuos que se plantan y se sustituyen en la ciudad”.

 

Si la ciudad quisiera alcanzar a Curitiba, eso significaría una bolsa de $1,3 billones. En otras palabras, una meta imposible.

 

 

Hace cuarenta años el problema se miraba de otra manera. Otra lógica operaba en la relación de los bogotanos con los árboles que necesitaba la ciudad. A finales de la década del setenta y principios de los ochenta se celebra el mes del árbol y hasta los ministros aparecían al lado del alcalde en las primeras páginas de los periódicos dando ejemplo y sembrando algún árbol. También se realizaban Ferias del Árbol. Las familias acudían al Parque Nacional, donde la Alcaldía y otras entidades ofrecían arbustos para sembrar a precios más bajos que los viveros.

 

Tal era la conciencia y necesidad de que todos los ciudadanos aportaran a la arborización de la ciudad, que durante la alcaldía de Hernando Durán Dussán se firmó un acuerdo en el Concejo de Bogotá que ordenaba una sanción de $1.000 a cada propietario de un predio en Bogotá que no contara con un árbol sembrado frente a su residencia. Y, aclaraba el decreto, después de pagar la multa igual tenía que cumplir con la siembra del árbol.

 

Por aquella época el ambientalista Julio Carrizosa Umaña era director del Inderena. Recuerda que todo el Estado se movilizaba los 12 de octubre para fomentar la siembra de árboles en las ciudades. No sólo en Bogotá.

 

Hoy se sorprende con el precio que cobra la ciudad por la siembra de un árbol. Y su reflexión va un poco más allá. Si las ciudades aún no encuentran una solución para ponerse al día en su contabilidad de árboles, el país no tiene una solución real para enfrentar el reto de la reforestación de grandes extensiones de tierra.

 

 

En su opinión, se debería discutirse con más seriedad la propuesta que lanzó esta semana el padre Francisco de Roux en su última columna en El Tiempo. Para el padre De Roux, “si queremos que las tragedias de avalanchas sean mínimas, paremos la desigualdad social y los odios, que se vuelven guerra, y detengamos la deforestación. ¿Por qué no crear 400.000 empleos para recuperar los bosques de las cordilleras? Nos darían montañas sin riesgos, aguas tranquilas, peces por millones y el acrecentamiento del capital natural, en el que Colombia aventaja a casi todos los países de la Tierra”.

 

Lo cierto es que ni las tasas de arborización de las ciudades ni el reto de reforestar el país se podrán cumplir sin soluciones creativas y una nueva forma de afrontar los problemas.

 

*Este artículo fue modificado para aclarar la tasa de arborización de Bogotá no era 6,35 árboles por habitante sino 0,15 árboles por habitante. Y por lo tanto se necesitaría 1.3 billones de pesos para lograr la misma tasa de Curitiba. 

 

url: http://www.elespectador.com/noticias/medio-ambiente/sembrar-un-arbol-en-bogota-cuesta-212000-articulo-688765

 

 

 

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